Mónica, la
hija menor de los señores Iglesias, acudió para comunicarles que Alejandra
continuaba en su habitación sin atender a sus invitados.
—Imaginaba algo así —comentó la
señora Iglesias, malhumorada. Y con pasos rápidos, decididos y seguros fue a la
habitación de la cumpleañera.
—¿Se puede saber qué haces aquí?
—le preguntó, impaciente— ¿Por qué no estás con tus amigos? Y, ¿por qué estás fumando?
¡Qué vicio tan cochino! ¿Cuántas veces he de pedirte que no fumes?
Alejandra,
sentada en el suelo, bajo una ventana, dejó caer el cigarrillo en un cenicero
manchado con restos de ceniza.
Con mirada
triste observó a su madre. Sus oscuros ojos azules se fijaron en ella. Se
levantó del suelo.
—Te has puesto un vestido muy
bonito —le dijo la señora Iglesias.
—Todos mis vestidos son bonitos. No
es preciso que intentes animarme.
—¡No te entiendo, hija! —exclamó su
madre, confundida— Si no tienes ganas de fiestas, ¿Por qué invitas a tus
amigos?
—¡No recuerdo haber invitado a
nadie! —replicó Alejandra, enfadada— Ellos mismos se han invitado. ¡Los odio!
—¡Ya está
bien! —profirió la señora Iglesias más enojada que su hija — Ya tienes diecisiete
años, ya deberías saber que los amigos son necesarios y la hipocresía también. ¡No
hay ningún adulto que no sea hipócrita! ¡Aprende eso de una vez! Vivimos en una
sociedad y tenemos que relacionarnos. Nadie triunfa ni sale adelante en soledad.
¿Por qué no aprendes un poco de tus hermanas?
Alejandra salió
de su habitación, no porque le apeteciera saludar a sus “invitados”, sino porque
pensó que esto agradaría a su madre y tampoco deseaba seguir escuchándola.
En realidad,
a Alejandra no le gustaban sus amigos. No eran amigos auténticos. Eran, simplemente,
compañeros de instituto en los cuales no podía confiar. Frente a ellos se sentía
acomplejada, por debajo de ellos en todos los aspectos. Era incapaz de decirles
lo que le gustaba y pensaba por temor a que se burlaran de ella y echaran por tierra
sus ilusiones. Siempre guardaba silencio cuando ellos hablaban. Entre ellos todo
parecía lógico, todo parecía normal… pero Alejandra sabía muy bien que a ella la
miraban y consideraban como a un bicho raro.
Muchas veces
había querido desembarazarse de ellos, pero entonces se veía sola y le tenía miedo
a la soledad. Tenía muy grabada en su mente la frase de su madre: “Nadie triunfa
ni sale adelante en soledad”.
Así, con una
sensación completa de inseguridad, se dirigió al encuentro de sus “invitados”.
En un pasillo,
cercano al comedor, vio a tres chicos desconocidos. El trío tampoco la conocía y,
por lo tanto, ignoraban que ella fuese la anfitriona.
—¡Eh, tú!
—exclamó uno de ellos— ¿Eres otra de las invitadas al cumpleaños del conejillo de
indias?
Alejandra se
quedó perpleja, quieta. No sabía qué contestar. Al mismo tiempo, una arremolinada
furia invadió su cuerpo, subió hasta su garganta y pugnaba por salir en forma de
gritos. ¿Cómo se habían atrevido esos indeseables “amigos” suyos a tomarse la libertad
de llevar a su hogar a gente que ella nunca
había visto?
—¿Sabes
dónde está el conejillo de indias? ¿La has visto? —volvió a hablar el mismo chico—
Me refiero a Alejandra Iglesias, la que cumple diecisiete años hoy. No la conocemos,
pero unos colegas nos han dicho que Alejandra es como un conejito pequeño, asustadizo
y ridículo. Debe ser gracioso verla, ¿no te parece? Por eso hemos venido. Oye, ¿no
tienes lengua? —añadió el chico sorprendido por la seriedad con que la chica lo
miraba sin pronunciar palabra.
—Yo soy
Alejandra Iglesias —respondió la muchacha con voz trémula debido a su furia interna.
No sentía miedo—. Yo soy el conejillo de indias que has nombrado.
Los ojos del
desconocido se agrandaron por el impacto de la sorpresa.
—¡Vaya,
he metido la pata!
—¡Eres idiota!
—le recriminó otro de los chicos desconocidos— Siempre hablas demasiado cuando hablas.
—No tiene
ninguna importancia —dijo Alejandra aparentando indiferencia, como si no le doliera
en absoluto lo que había escuchado. Seguidamente dijo: os agradeceré que vosotros
y todos los demás os marchéis ahora mismo. No os quiero a ninguno en mi casa. ¡Fuera!
Llevaos todos los regalos. No quiero abrirlos y, mucho menos, conservarlos. Decídselo
a los demás. ¡Todos fuera de mi casa en menos de cinco minutos!
Alejandra regresó
a su habitación. Su madre no estaba, el cenicero tampoco y la ventana estaba abierta.
Se echó en la
cama y rompió a llorar dando rienda suelta a sus acongojadas emociones.
La voz de alarma
de abandonar la casa en menos de cinco minutos se extendió rápidamente, y los “no
invitados” se marcharon con sus regalos y pertenencias no sin antes despedirse a
gritos con palabras groseras.
Los señores Iglesias
se enfadaron tanto por lo sucedido que prohibieron a su hija volver a celebrar otro
cumpleaños. Únicamente, en la casa, se celebrarían los cumpleaños de sus hermanas
Rocío y Mónica.
A Alejandra no
le molestó ni le importó esta prohibición. Todo lo contrario.
Transcurridos tres años seguía sin molestarle o importarle. Lo que sí le molestaba,
le importaba y le dolía era la actitud de sus padres hacia ella. Más bien, no había
actitud. Pasaban de ella olímpicamente, sin ninguna hipocresía, sin ningún disimulo.
Con ella no era preciso fingir, con el resto del mundo sí, por supuesto.
Estaba demasiado
claro que ella era una gran decepción para sus progenitores. Su hermana mayor, Rocío,
estudiaba Ciencias Políticas. Quería llegar a ser una grande en política. Incluso
presidenta del Gobierno.
“Y, ¿por qué no vas a serlo?, dijo con henchido
orgullo Alberto Iglesias”. Él era diputado en el Congreso y le colmaba de dicha y satisfacción que su
primogénita siguiera sus pasos.
Mónica, la hija
pequeña, colmaba de dicha y satisfacción a su madre. La benjamina seguía sus pasos.
Quería estudiar medicina y llegar a ser tan buena médica cirujana como la señora
Iglesias.
Pero Alejandra
no quería seguir la estela de sus padres. A ella le apasionaba escribir. Comenzó
con cuentos infantiles como homenaje a lo mucho que disfrutó con su lectura de pequeña.
Ya hacía tiempo que empezó a atreverse con narrativas más extensas.
A sus veinte
años, recién cumplidos, estaba escribiendo una novela… ¡Eso era fantástico!
Tener veinte
años no era tan fantástico. El número dos delante la hacía sentirse muy mayor, casi
vieja.
Sus padres le
aconsejaron estudiar periodismo si deseaba dedicarse a la escritura.
—Por lo
menos podrás trabajar en un periódico —dijo el señor Iglesias sin entusiasmo—. Ganarte
la vida escribiendo novelas es muy difícil. Tienes que ser muy buena. Hay demasiados
escritores.
—¿Y no hay
demasiados políticos y demasiados médicos? —le desafió Alejandra— No estudiaré periodismo.
Haré lo mismo que hizo Jo March.
—¿Quién
es Jo March? —preguntó el señor Iglesias.
—Es la protagonista
de Mujercitas. Seré como ella.
—Estás diciendo
tonterías, Alejandra. Tienes pájaros en la cabeza. Mientras vivas en esta casa harás
lo que se te diga. Estudiarás periodismo y punto final.
Y, por este motivo,
porque su padre no había cambiado de postura y su madre no tenía intención de apoyarla,
Alejandra, con sus veinte años recién estrenados, tenía una maleta preparada, un
lugar adonde ir y una alforja de sueños por cumplir.
Págs 1- 8
© 2026 La estación de Mela. El Clan Teodoro-Palacios y Alejandra, ¿por qué lloras? Todos los derechos reservados.
Queridos lectores, queridas lectoras... Estamos a diecisiete de enero de 2026 y hoy habéis leído el primer capítulo de Alejandra, ¿por qué lloras?
Me alegra estar de nuevo con vosotr@s presentándoos esta novela... Me alegra poder contaros otra historia, que espero sea de vuestro agrado. Comenzamos recorrido. ¿Me acompañáis? Espero que vuestra decisión sea que sí.
Volveréis a ver a Ginger en el último capítulo para despedir la novela.
Muchas gracias a tod@s.
Me gusta Alejandra escribir es dificil y vivr de ello más pero esperó que lo logre. Me encanto tu nueva novela. Te mando un beso.
ResponderEliminarHola, JP... Me alegra mucho que te guste, pero aún me alegra más que estés aquí comentando este primer capítulo... Muchas gracias
EliminarYo creo que para escribir solo es imprescindible que lo necesites... Ganar dinero escribiendo no lo veo necesario... Bueno, ya veremos si Alejandra lo consigue.
Yo solo puedo agradecerte de corazón que estés aquí... y que sigas escribiendo, que sigas haciéndonos disfrutar
Y yo te mando otro beso y un abrazote
Sentirse diferente o por debajo del resto, es algo que, por lo general, se acaba superando. Pero es triste que, sobre todo unos padres, te hagan sentir así. Dice mucho y, no precisamente bueno, de ellos como educadores. Es de gran valor, por esas circunstancias, que Alejandra no solo tenga claros sus objetivos en la vida, sino el arrojo de ir a luchar por sus metas.
ResponderEliminarPromete esta nueva historia, me ha gustado el primer capítulo, (absolutamente inédito para mí) si me preguntas. Enhorabuena, no esperaba leerlo tan pronto, ha sido toda una sorpresa.
Hola, Nena... Antes que nada quiero agradecerte y decirte que me ha alegrado que vengas a comentar el primer capítulo de Alejandra... Podemos decir que has venido a su bautizo ;-)
EliminarSiempre me gustará que vengas a comentar... y ojalá te diera por escribir.
Creo que lo mejor es alejarte de personas que te hacen sentir mal... Alejandra no ha elegido a esos compañeros; le han tocado.
La verdad es que los padres de Alejandra me caen mal, no me gustan.
Pues si promete tendrá que cumplir ;-)
Me alegra mucho que te haya gustado... Entre los cambios que he hecho y que hace mucho tiempo es muy normal que no te acuerdes.
Sinceramente yo pensaba que no empezaría a publicarlo hasta febrero pero, a veces, brilla el sol.
Muchas gracias por tu comentario, me ha hecho ilusión.
Te mando un fuerte abrazo
Los padres pierden una hija, tienen dos mas pero creo que pierden la mejor por la forma de ser mala de los padres. No se donde va a vivir Alejandra. Me ha gustado mucho. Besos.
ResponderEliminarHola, Ramón... Bueno, en realidad, a mí no me caen bien los padres de Alejandra... Sí, quizás la pierdan... Pronto sabrás donde tiene pensado ir.
EliminarMe alegra que te haya gustado, y muchas gracias por tu comentario
Besos
¡Hola querida amiga, y escritora! Excelente primer capítulo. Una historia que promete mucho. Es una buena carta de presentación si viene de tu mano. Es bello escribir y me alegra mucho tenerte nuevamente publicando estas joyas. Gracias por tu tiempo y por compartir tu talento. Alejandra deberá luchar por sus sueños y creo que ha comenzado muy bien. Los padres tendrán que aceptar que su hija luchará por ello. Veremos que pasa. Bellísimo capítulo. Ya hemos comenzado a conocer a nuestra protagonista o quizás a uno de ellos. Gracias amiga. Te deseo éxitos y te leeré como siempre. Lou.
ResponderEliminar¡Hola, querida Lou, querida amiga y querida escritora!
EliminarTe estaba esperando y, como siempre, he sonreído al leer tu comentario... Muchas gracias por tu cariño, muchas gracias de corazón.
Si promete tendrá que cumplir... Las promesas se cumplen ;-)
Alejandra también cree que escribir es bello... Como nosotras, ama escribir
Sí que es la protagonista... saldrán más personajes, pero ella es la principal
Muchas gracias a ti, querida Lou... Gracias por tus ánimos... y ojalá pronto pueda leer otro de tus maravillosos capítulos... Extraño mucho leerte
Te mando un abrazo superfuerte
Me olvide algo muy importante. Ginger, siempre es un placer ver su foto.
ResponderEliminarVolverás a ver a mi querido pelirrojo en el ultimo capítulo.
EliminarGracias, muchas gracias... Y muchos besos
Mela, cariño, qué ilusión que hayas publicado!!!! Ay, echo de menos a Blas y a Helena. Tengo que acostumbrarme a Alejandra. ¡¡Qué imbéciles los compañeros del instituto!! Hoy en día hay mucho bullying. Por qué no puede triunfar como escritora?? Ay qué padres. Blas y Helena hubieran ayudado a Nico si quisiera escribir. Que diferencia de papis!!! No has publicado una canción.
ResponderEliminarBesitos!!!!!
Hola, Julia... Me alegra mucho que te ilusione.
EliminarEs lógico que tengas que acostumbrarte a Alejandra y los nuevos personajes que saldrán... Pasamos mucho tiempo con El Clan.
Ayer hubo imbéciles, hoy hay y mañana habrá... Por desgracia, siempre habrá. Me alegraría mucho equivocarme.
Bueno, la verdad es que los padres de Alejandra son muy diferentes a Blas y a Helena. Por supuesto que Blas y Helena ayudarían y apoyarían a Nico siempre.
Es que no era mi intención publicar canciones en esta ocasión... Ya veremos qué se me ocurre.
Muchas gracias por tu comentario.
Besitos
Te acompaño en este nuevo recorrido y enhorabuena por el comienzo, hada escribiente.
ResponderEliminarUn beso.
Hola, Juan... Agradezco tu compañía, y muchas gracias por tu comentario.
ResponderEliminarUn beso
Beautiful blog
ResponderEliminarPlease read my post
ResponderEliminarGracias, Rajani... Lo he leído
ResponderEliminarHola Mela, te acompaño desde el capitulo 1 hasta el final. Por el titulo puedo pensar que Alejandra no consigue lo que quiere. Gracias por volver.
ResponderEliminarSaludos.
Hola, Carlos... No hay motivo para agradecerme nada... Yo quería y necesitaba volver.
EliminarSí, es cierto que el título parece que presagie algo malo... Ya veremos, faltan unos cuantos capítulos para saberlo.
Saludos
Me alegra que publiques una nueva novela y será un placer y un honor acompañarte en el recorrido. ¡Hasta el fin del mundo! ¡Suerte a Alejandra!
ResponderEliminarBeso
Hola, Ignacio... Yo también me alegro; me hacía ilusión contaros otra historia.
EliminarEl placer y el honor va a ser compartido porque también es un placer y un honor para mí que seas uno de los lectores de mi novela.
Alejandra te da las gracias.
Beso