EL CLAN TEODORO-PALACIOS

CUARTA PARTE
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jueves, 17 de octubre de 2013

EL CLAN TEODORO-PALACIOS Capítulo 80






CAPÍTULO 80

EL PADRE DE NICOLÁS


E
l señor Teodoro abrió los ojos antes de que sonara la alarma del despertador. Encendió la luz de la lámpara de la mesilla; eran las ocho y cuarto.
En el exterior comenzaba a hacerse de día y soplaba un viento huracanado.
El joven se colocó el termómetro y respiró, aliviado, cuando vio que su temperatura corporal era de treinta y siete grados. No obstante, tomó otro antitérmico como prevención.
Se duchó, se vistió con un chándal e hizo su cama.
Antes de salir de la habitación descorrió, con suavidad, el cerrojo de la puerta de Nicolás.
En la cocina se encontró con Emilia y con Elisa. Ambas mujeres desayunaban en silencio, teniendo como fondo el rugido descontrolado del viento.
            Buenos días saludó el señor Teodoro.
            Si a ti te lo parece con este aire salvaje… comentó Elisa, despectivamente.
            ¿Has dormido bien, hijo? ¿Cómo te encuentras? se interesó la señora Sales.
            Estoy bien afirmó el joven.
            —¿Preparado para el combate? preguntó Elisa, socarronamente.
El señor Teodoro desoyó la burla y se preparó un generoso tazón de tila.
            Nos iremos esta tarde, después de que haya recogido el Belén, el árbol y las luces anunció a su madre. Matías y Luis subirán a por el todoterreno. Esta noche cenaremos en Aránzazu.
            En un par de semanas nos mudaremos a tu casa Nat y yo declaró Elisa. No confíes en librarte de mí.
            No confiaba en eso.
La señora Sales miró a Elisa, muy seria. La hermana de Bruno Rey había cambiado mucho en los últimos días; los celos parecían haberla desquiciado y comenzaba a ser una dura carga que soportar.
                                                                             ῳῳῳ
El señor Teodoro estaba, a solas, tomando un segundo tazón  de tila cuando las niñas entraron en la cocina.
            Habéis madrugado mucho les dijo, sonriendo.
            ¿Nico no se ha levantado? preguntó Natalia.
El hombre negó con un movimiento de cabeza.
            Blas, ¿viviremos juntos? indagó la muchacha, preocupada.
            contestó este. Elisa acaba de decirme que, en un par de semanas, os trasladaréis a mi casa.
Natalia asintió, muy relajada.
            Blas, no le hagas mucho caso a Nico si reacciona mal cuando se entere de que eres su padre dijo, seguidamente. Ya sabes cómo es. Ya se le pasará y entrará en razón.
            Cuento con tu ayuda si reacciona mal, Nat. A ti te escuchará más que a mí.
            ¡Serás un magnifico director! exclamó Patricia, alegremente, cambiando de tema.
            Muchas gracias, Paddy.
Las niñas comenzaron a desayunar y a comentar acontecimientos que les aguardaban el próximo trimestre en el instituto Llave de Honor. El señor Teodoro iba a prepararse un tercer tazón de tila cuando alguien llamó a la puerta de la cocina. Se sorprendió al abrir y ver al señor Tobías, al señor Francisco, a la señora Estela y a su hija Gabriela.
            Hemos venido a apoyarte le comunicó Tobías, no íbamos a dejarte solo en un trance tan delicado. Si nos lo permites nos gustaría estar presentes cuando hables con tu hijo. Seremos testigos silenciosos y, de esta forma, te ahorrarás darnos explicaciones. Yo me encargaré de explicar a los vecinos de Luna que eres el padre de Nico y la razón por la que te hiciste pasar por su tutor.
            No tengo nada que ocultar manifestó el señor Teodoro. Sois mis amigos y comprendo que queráis saber por qué he sido, durante estos años, el tutor del niño. No me agrada hablar sobre este tema una y otra vez porque me duele. Podéis estar presentes en mi despacho, siempre que Nico no tenga ningún inconveniente.
            El niño no se opondrá aseveró Estela.
            Entonces, nosotras también queremos estar presentes se apuntó de inmediato Natalia. Somos amigas de Nico y le queremos. Hasta ayer, yo creí que era su prima.
            ¡Bobadas! exclamó el señor Francisco, enfadándose No queremos mocosas a nuestro alrededor. Este asunto es cuestión de adultos.
            Nico no es un adulto y está metido en este asunto  discutió Natalia.
            De acuerdo accedió el señor Teodoro. Os dejaré estar en el despacho, pero en absoluto silencio u os echo enseguida.
Patricia estuvo encantada, iba a enterarse de todo de primera mano.
                                                                             ῳῳῳ
La alarma del reloj despertó a Nicolás a las diez en punto. El chiquillo se frotó los ojos y contempló, con cara de pocos amigos, el techo blanco de la alcoba. Se había despertado de tan mal humor como su madre un par de horas antes.
Recordó que su "tutor" le advirtió que procurara que no tuviera que ir a buscarlo a las once, para llevarlo a su despacho. Tras esta reminiscencia, propinó tres violentas patadas al colchón como si este fuese el culpable de todos sus males.
            “¿Habrá llegado ese cerdo? “, se preguntó, intranquilo. “Supongo que sí. En este momento debe estar hablando con Blas. ¿Qué le estará diciendo? No pienso ducharme, ni lavarme la cara ni los dientes. Tampoco me peinaré. Y tampoco me vestiré, iré con pijama y descalzo. Quiero que ese cerdo se lleve la peor impresión posible de mí. ¿Estará intentando convencer a Blas para que me entregue a él?"
Los latidos del corazón del chiquillo se aceleraron, se levantó y caminó de un lado a otro como una fiera enjaulada; sin saberlo estaba parodiando a su madre.
A las once menos cuarto entró en el salón; no había nadie y la puerta del despacho de su "tutor" estaba cerrada. Se aproximó y acercó su oído a la puerta, pero no pudo escuchar nada. Todo parecía estar silencioso y en calma.
¿O eran los rugidos del maldito viento los que no le dejaban oír?”.
Se dirigió a la cocina y se sorprendió al ver a Estela.
            Buenos días, Nico sonrió la mujer. ¿Has dormido bien?
            Más o menos.
            Son casi las once, Nico. ¿No piensas vestirte?
            ¡No! gritó el chaval Quiero acabar con este asunto cuanto antes y volver a la cama. ¡Tengo sueño! ¿Dónde están Blas y Emilia? ¿Y Nat?
            Están en el despacho contestó suavemente Estela. Te prepararé el desayuno.
            ¡No quiero desayunar nada, no tengo hambrevolvió a gritar Nicolás ¿Sabes si ha venido ese cerdo?
La señora Miranda miró al niño, consternada. Nicolás estaba demasiado excitado.
            “Blas, ten una buena explicación que conforme a tu hijo, porque no te lo va a poner nada fácil”, pensó, preocupada.
            ¿Sabes o no sabes si ha venido ese cerdo? gritó, de nuevo, el chaval, impetuoso.
            Sí, ha venido asintió Estela. Nico, yo creo que deberías…
            ¡Voy a partirle la cara a ese cerdo! exclamó Nicolás, muy exaltado.
Salió de la cocina, veloz, y la señora Miranda lo siguió, angustiada.
            ¡Nico, por Dios, intenta serenarte!
El muchacho no escuchó a la mujer y, por supuesto, no estaba dispuesto a tener buenos modales y llamar a la puerta del despacho antes de entrar, como le había enseñado su "tutor". Todo lo contrario; la abrió, agresivamente.
Al primero que vio fue al señor Teodoro, sentado tras su escritorio. A su lado estaba Emilia.
En la parte derecha estaban sentados en sillas que habían cogido del salón, el señor Tobías, el señor Francisco, Elisa, Gabriela, Natalia, Patricia y Bibiana. No vio a ningún desconocido y este hecho lo desconcertó.
            Veo que no has tenido tiempo de asearte dijo el señor Teodoro con suavidad. En su mano diestra sostenía un bolígrafo al que no dejaba de darle vueltas.
            Ese cerdo no se ha atrevido a venir declaró Nicolás, nervioso. ¡Muy bien, mejor así! Además de cerdo, es un cobarde. Ahora mismo voy a asearme.
            ¡Un momento, Nico! ¡No tan deprisa! Haz el favor de sentarte lo retuvo el señor Teodoro.
El chiquillo, aunque desconfiado, obedeció y tomó asiento al otro lado del escritorio, delante de su "tutor" y de la señora Sales.
Estela cerró la puerta y se sentó al lado del niño. Nicolás se temió lo peor. “¿Y si su padre había convencido a Blas para que se lo entregara?
            ¡No me entregues a ese cerdo, Blas! rogó el muchacho, muy inquieto Dejaré de estudiar, me pondré a trabajar y te daré todo el dinero que gane. Me portaré muy bien…
           —No digas más tonterías, Nico se desesperó el señor Teodoro. Haz el favor de calmarte, no voy a entregarte a nadie. Creí que eso había quedado muy claro. Y, por supuesto, vas a seguir estudiando.
Voy a pedirte que, por favor, me escuches y no me interrumpas. Cuando termine de hablar, podrás hacerme todas las preguntas que quieras. Te prometo no dejar sin contestar ni una.
Yo no tengo nada que ocultar pero si tú prefieres, que hablemos a solas, les diré a todos que salgan del despacho excepto a mi madre. ¿Qué dices?
            Pueden quedarse, yo tampoco tengo nada que ocultar respondió Nicolás, consiguiendo que Patricia se riera por lo bajo.
El muchacho oyó la risita de la niña y la miró, con el ceño fruncido. Natalia le dio un codazo a su amiga, temerosa de que el señor Teodoro las mandara fuera por culpa de ella.
            “Ha llegado el momento”, se dijo el joven, observando la cara sofocada de su hijo. El pobre chiquillo estaba muy inquieto y a la defensiva.
            Nico, ese hombre a quien tú llamas cerdo... ha venido comenzó diciendo el señor Teodoro. Todos los presentes escuchaban con suma atención y le miraban a él y a Nicolás.
            ¿Ha venido y se ha ido? interrogó el crío ¡Mejor que mejor! ¡Iba a partirle la cabeza!
            ¿Por qué no te callas? se encolerizó el señor Francisco Blas te ha dicho que no interrumpas y tú no vas a dejar hablar a nadie. ¡Cierra el pico y escucha!
            ¡Cierre el pico usted! se enfrentó Nicolás, perdiendo totalmente la compostura ¡Gordo chiflado!
Patricia soltó un bufido, creyendo que iba a reventar si no se desahogaba riendo. Elisa sonrió, meneando la cabeza.
            ¡Nico, discúlpate enseguida! ordenó el señor Teodoro, bastante alterado.
            Es que yo no sé lo que me digo se excusó el chaval, asustado. Estoy muy nervioso. Siento lo que le he dicho, señor Francisco.
            Si quieres dejar de estar nervioso, escúchame y no me interrumpas. ¿De acuerdo, Nico? dijo el señor Teodoro, intentando recuperar su escurridiza serenidad.
Nicolás asintió, notando que las manos le sudaban.
            Bien el señor Teodoro carraspeó, como te iba diciendo, ese cerdo ha venido y está aquí.
El chiquillo se giró, bruscamente, seguro de tenerlo a su espalda. Pero, allí, no había nadie. Volvió a mirar a su "tutor", confuso.
            ¿Dónde está? preguntó Yo no veo a ningún desconocido aquí.
            ¿Te quieres callar, muchacho del infierno? bramó el señor Francisco, iracundo.
            ¿Te puedes calmar y callar tú también? increpó el señor Teodoro a su vecino, quien articuló palabras ininteligibles.
El señor Teodoro volvió a fijar la mirada sobre su hijo.
            Nico, ese cerdo ha venido y está aquí repitió, temiendo que no iba a ser capaz de continuar adelante. De hecho, está muy cerca de ti.
Nicolás se dio la vuelta otra vez y miró a su alrededor, desconcertado.
        —Está delante de ti se atrevió a decir el señor Teodoro, logrando que el crío lo mirara, todavía más desconcertado. Y en este momento te está hablando, porque ese cerdo… hubo una pausa, el señor Teodoro bajó la mirada a su escritorio, bregando por reunir el valor que necesitaba, ese cerdo está aquí repitió levantando sus ojos hacia el muchacho. Lo tienes delante y te está hablando porque ese cerdo…, ese cerdo soy yo, Nico. Yo soy tu padre.
            “Ya lo he dicho, ya lo he dicho”, pensó el hombre, sintiendo que se había liberado de un peso muy grande.
Nicolás lo contemplaba muy atentamente sin acertar a creer lo que había oído.
            ¿Qué has dicho? preguntó, precisando estar seguro de lo que había escuchado Yo no sé si te he entendido bien. Repítemelo, por favor.
            Te he dicho que yo soy tu padre, Nico declaró el señor Teodoro, tragando saliva con dificultad. Ahora puedes hacerme cuantas preguntas quieras. No voy a dejar sin contestar ninguna.

Págs. 623-631

Queridos lectores... la próxima semana publicaré el penúltimo capítulo de esta primera parte del Clan... donde podréis leer la reacción de Nico ante la noticia de que Blas es su padre

Este jueves os dejo en el lateral del blog una canción de Rosana... "Te debo este sueño"
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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License. Creative Commons License
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