CAPÍTULO 108
EL RESCATE DE ROCÍO SIERRA
H
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abían elevado la parte superior de la cama y el
señor Teodoro se encontraba sentado hojeando un periódico, más que leer
pensaba y pensaba en Elisa. Era muy extraño que no hubiese dado
señales de vida; obviamente estaba enterada de su ingreso en el hospital puesto
que Natalia debía habérselo contado.
La niña había hablado por teléfono con Emilia y se
había quedado a dormir con Nicolás. Sin embargo, Elisa no se había dignado a
llamar y, por consiguiente, mucho menos iba a realizar una visita de cortesía.
Por mucho que el señor Teodoro discurriera y le diera vueltas y más vueltas a
la cuestión, no lograba entender el extraño proceder de Elisa Rey. El joven no
creía ser merecedor de tamaño desprecio. Pasó una hoja del periódico,
mecánicamente, sumergido en sus pensamientos cuando la inmaculada puerta de la
habitación se abrió dando paso a su hijo, seguido de Luis Hernández. Nicolás
sonrió ampliamente mirando a su padre, y se precipitó sobre la cama,
abrazándolo con fuerza.
—¡Papá, cuántas ganas tenía de verte! ¿Cómo estás?
—Estoy muy bien, cariño. Es jueves y el domingo ya estaré en casa. Te estaba
echando de menos y también tenía ganas de verte.
El muchacho besó y abrazó a su abuela que permanecía
sentada en una butaca muy próxima al lecho del señor Teodoro. El señor Teodoro
estrechó, cordialmente, la mano de Luis Hernández.
—¿Va todo bien por casa? —indagó.
—Todo perfectamente, señor —respondió Luis de un modo escueto.
El resto del tiempo que estuvieron en la habitación
fue Nicolás quien acaparó la atención del señor Teodoro y de la señora Sales.
En el momento de la despedida, el señor Teodoro besó una mejilla de su hijo y
le acarició el cabello, cariñosamente.
El niño se marchó deseando que llegase el domingo
cuanto antes; ese día su padre y su abuela estarían de nuevo en casa y él ya habría
rescatado a Rocío Sierra.
Al día siguiente, por la tarde, Luis Hernández volvió a llevar a
Nicolás al hospital. Esta vez los acompañaba Natalia. Los niños habían vuelto a
pasar la noche juntos y, por la mañana, Lucas se había reunido con ellos y
ninguno se presentó en el instituto. Nicolás habló por teléfono con "Mikaela" y le rogó que no le dijera a su padre que lo habían expulsado.
—No te preocupes, Nico —lo tranquilizó la mujer—. El jefe de estudios le ha encargado a tu tutora que hable con tu padre
y Paula me lo ha encargado a mí. No le diré nada, pero me temo que el lunes tú
y yo nos vamos a ver en un aprieto.
—Gracias, Mikaela. Eres muy amable conmigo, sabía que podía confiar en ti. Y no te preocupes por lo
que pase el lunes; mi padre parece un ogro pero no lo es. Seguramente se
enfadará y gritará un poco, nada más.
Tanto la señora Sales como el señor Teodoro vieron a
los niños un poco ojerosos y los notaron alterados.
—Creo que no habéis dormido muy bien esta noche —comentó el señor Teodoro—. ¡Menos mal que mañana es sábado y podéis descansar!
Natalia estuvo muy afable con el joven, por el que
sentía un sincero afecto. El hijo mayor de Matías continuó sin aportar ninguna
novedad y después de oír el lejano sonido de dos truenos consecutivos, la
señora Sales recomendó a los visitantes que se marcharan cuanto antes.
—Parece que se acerca una buena tormenta; el cielo se ha oscurecido
mucho. Llévate a los niños a casa, Luis.
Nicolás y Natalia salieron de la habitación sabiendo
que, cada vez, tenían más cercana la noche y, por lo tanto, el momento de
rescatar a Rocío Sierra. Ese era el motivo de su alteración y de las manchas
amoratadas debajo de sus ojos ya que habían estado conversando sobre el tema
hasta muy avanzada la madrugada. Y cuanto más hablaban menos claro veían el
plan ideado por la hija de Benito.
Llegaron a casa cuando todavía los truenos se oían
lejanos. Bibiana, Lucas y Leopoldo les esperaban en la habitación de los
juegos.
—¿Cómo está tu padre? —se interesó Bibiana de inmediato.
—Está muy bien —respondió Nicolás—, el domingo ya estará aquí.
—¿Y dónde se supone que vas a meter a la tal Rocío? —interrogó el pelirrojo, suspicaz— Si tu padre la ve…
—¡Cállate! —gritó Nicolás, desquiciado— ¡No sé
lo que voy a hacer!, ¿vale? Lo
único que sé es que voy a ayudar a esa chica a salir de la discoteca y que me
arrepiento de haberte contado nada.
—Tranquilo, tío, soy una tumba. No voy a contar nada a nadie, pero sigo
pensando que estás loco y que no te van a salir bien las cosas. Debiste seguir
mi consejo y contárselo todo a tu padre.
—¿Tú eres imbécil? Mi padre
se está recuperando de una operación y no quiero que se mezcle con secuestradores.
¿TE ENTERAS O NO TE ENTERAS?
Prudencia y Cruz, desde la cocina, oían las voces
chillonas y violentas de los muchachos pero no entendían lo que decían. Poco a
poco los sonidos de los truenos eran más cercanos, aunque seguía sin llover.
A pesar de que los niños estaban preocupados y
agitados no pudieron hacer ascos a la suculenta cena que Prudencia les preparó
y, ante el regocijo de la buena mujer, todos comieron de maravilla.
Un rato después de cenar, se pusieron ropas de
abrigo y Nicolás le pidió a Cruz que les abriera la puerta pequeña del jardín,
lo que la joven hizo sin tan siquiera pestañear.
—¡Estamos locos! —exclamó Natalia, echando vaho por la boca— No hemos cogido paraguas, si le da por llover nos vamos a poner perdidos.
¡Hace un frío de espanto!
—¡Caminemos deprisa, son casi las diez! —apremió Leopoldo.
Nicolás pensó en su padre y en su abuela, los
imaginó en la habitación del hospital. A ambos les daría un ataque si supiesen
que había salido a la calle en una noche tan tormentosa con la única intención
de colarse en “Paraíso”.
La vigilancia policial en la avenida no era tan
exhaustiva; el señor Teodoro había solicitado que no los agobiaran tanto
temiendo que Nicolás se sintiera en exceso controlado y sospechara que alguna
amenaza los perseguía.
Esta demanda no gustó a quien estaba muy por encima
del señor Teodoro, sin embargo no hizo nada por contrarrestarla. De haberlo
hecho era muy posible que el propio señor Teodoro se diera cuenta de que a
alguien le interesaba tenerlos, a él y a su hijo, muy bien custodiados.
Llegaron a la puerta de la discoteca sin apenas
cruzar palabra entre ellos. Bibiana, Leopoldo y Lucas se quedaron atrás; no
iban a entrar, y si Nicolás y Natalia tardaban más de media hora en salir,
pedirían ayuda.
Un hombre alto y corpulento, con una cicatriz en el
pómulo derecho y mirada asesina, cerraba el paso. Sin duda debía tratarse del
portero.
A Nicolás no le agradó el aspecto del individuo y,
en un ademán protector, cogió una mano de Natalia. Hubiera preferido que la
niña no lo acompañase pero Natalia era demasiado testaruda y se había empeñado
en entrar con él a “Paraíso”. El chiquillo iba a decirle al desagradable
portero la contraseña que Álvaro Artiach le dio pero no fue necesario. El supuesto
portero se apartó de la puerta y miró hacia otro lado. Los niños aprovecharon
la ocasión para entrar precipitadamente. La luz que iluminaba la escalinata que
conducía al sótano parecía más fúnebre que la que alumbraba la
tarde que celebraron el cumpleaños de Patricia.
El ruido de una música excesivamente alta llegaba
hasta las escaleras. Cuando el tramo de escaleras terminó y giraron hacia la
izquierda se quedaron paralizados, no pudiendo reconocer la sala donde habían
estado diez días antes. La oscuridad era absoluta y tenían que acostumbrar sus ojos
a ella. Sus únicos guías iban a ser los destellos de unos focos que se
encendían al compás de las alocadas canciones.
—¿Por qué no me esperas aquí?
—berreó Nicolás en el oído de Natalia.
—¡Pienso acompañarte, Nico! —berreó, a su vez, la niña.
Los dos chiquillos comenzaron la odisea de cruzar la
discoteca salvando el mobiliario y a las personas que caminaban distraídamente,
riendo, fumando y bebiendo. El ambiente estaba muy cargado por causa del humo y
los ojos de los niños comenzaron a sentir molestias.
A Natalia le llamó la atención una chica que estaba
sentada; la chica chillaba mientras bebía y reía. ¡ERA PATRICIA! Y a su lado permanecía sentado un hombre maduro
que le acariciaba el cuello.
Natalia empujó a Nicolás para instarle a que
caminara más deprisa. El chiquillo se dio la vuelta y la miró, ceñudo.
—¡Muévete! —le gritó la niña— ¡He
visto a Paddy! ¡Si nos ve, se lo
contará a Blas!
Nicolás se alarmó de inmediato y aceleró sus pasos.
Tras recibir bastantes empujones, los niños se detuvieron delante de la puerta
blanca que era su objetivo.
—Espérame aquí, no tardaré —dijo Nicolás en alta voz y se sacó un
pasamontañas de color negro de un bolsillo de su cazadora.
Abrió la puerta sin ninguna dificultad y traspasó el
vano. Le pareció que el angosto pasillo estaba mejor iluminado comparado con el
último y único día que estuvo allí. Rezó para no volver a encontrarse con
Ismael Cuesta. Anduvo poquitos pasos, se detuvo frente a la primera puerta
ubicada a su diestra, y se colocó el pasamontañas en la cabeza.
Entró en una habitación pequeña donde vio una cama
deshecha. Rocío Sierra estaba sentada, ante un espejo algo polvoriento,
maquillando su rostro. La chica simuló asustarse al ver al niño y este la
agarró por un brazo obligándola a levantarse y sin mediar palabra la sacó
bruscamente de la habitación. En el pasillo, Nicolás se quitó el pasamontañas.
—¡No me hagas daño, por favor! —imploró la joven.
—¡Vamos, hay que salir de aquí! —exclamó el muchacho, empujando a Rocío hacia la salida.
Natalia suspiró cuando los vio aparecer y, entonces,
comenzó una huida desesperada hacia las escaleras. Llegaron a las mismas sin
ningún contratiempo.
—Hay que salir con calma o el portero puede sospechar —advirtió Natalia.
—¿No tendrás frío, quieres mi cazadora? —preguntó Nicolás a la hija de Benito Sierra puesto que llevaba un vestido
fino de manga corta.
La joven dijo que no con un movimiento de cabeza.
Iniciaron el ascenso de los peldaños; los corazones
de Natalia y Nicolás latían apresuradamente. ¡Faltaba muy poco para escapar de aquella maldita discoteca!
La primera en salir a la calle fue Natalia, seguida
de Rocío. Por último, salió Nicolás. Los chiquillos sintieron un gran confort
al respirar el aire helado y húmedo de la noche.
—¡QUIETOS AHÍ, NO VAYÁIS TAN DEPRISA! —se oyó una voz repugnante a sus espaldas que les congeló la sangre y
los dejó petrificados.
Págs. 854-861
Este jueves dejo en el lateral del blog una canción de Malú y David De Maria ... "Enamorada"
Próxima publicación... jueves, 19 de febrero
Queridos lectores de El Clan Teodoro-Palacios, se acerca el 14 de febrero y quiero felicitar a tod@s l@s enamorad@s
Y aquí os dejo mi pequeña aportación a un día que me encanta
"Ese Amor que es tempestad
Ese Amor que hace crecer a las olas del mar
Ese Amor es un milagro
Este jueves dejo en el lateral del blog una canción de Malú y David De Maria ... "Enamorada"
Próxima publicación... jueves, 19 de febrero
Queridos lectores de El Clan Teodoro-Palacios, se acerca el 14 de febrero y quiero felicitar a tod@s l@s enamorad@s
Y aquí os dejo mi pequeña aportación a un día que me encanta
"Ese Amor que es tempestad
Ese Amor que hace crecer a las olas del mar
Ese Amor es un milagro
Ese Amor es un misterio
Ese Amor es tan extraño que no puedo ni entenderlo, no me pidas resolverlo
Unos días yo me río
Otros días solo lloro
Unas tardes yo le canto
Otras tardes yo le bailo
Y otros días solo callo
Por las noches cuando duermo
Esas noches yo le sueño
Tras el alba yo despierto, sé que ha estado a mi lado
Y es que el Sol cuenta a mis labios, susurrando muy despacio...
Que ese beso tan querido, ese beso tan cuidado, ese beso que guardaba como tesoro del alma
La Luna le ha revelado que tú ya te lo has llevado
Y Cupido lo celebra, estrellas y nubes suspiran
Y hay ríos que se desbordan, nieves que cubren las cimas
Y los peces de ese mar, con aquellas caracolas, nadan, brincan, bailan, saltan
Y es que ellos saben bien...
Que ese beso tan querido, tan guardado y escondido en un lugar de mi alma
Ese beso era una flor refugiada muy adentro
Y ese beso has descubierto, ya posees mi tesoro, ya sabes lo que te quiero, ya conoces mi secreto
Y otra noche llegará, y otro beso tú tendrás
Y ese Amor que es tempestad, ese Amor es un misterio
Y ese Amor que es un volcán, ese Amor es puro fuego
no sabemos resolverlo, no podemos entenderlo"
Mela
Y Cupido lo celebra, estrellas y nubes suspiran
Y hay ríos que se desbordan, nieves que cubren las cimas
Y los peces de ese mar, con aquellas caracolas, nadan, brincan, bailan, saltan
Y es que ellos saben bien...
Que ese beso tan querido, tan guardado y escondido en un lugar de mi alma
Ese beso era una flor refugiada muy adentro
Y ese beso has descubierto, ya posees mi tesoro, ya sabes lo que te quiero, ya conoces mi secreto
Y otra noche llegará, y otro beso tú tendrás
Y ese Amor que es tempestad, ese Amor es un misterio
Y ese Amor que es un volcán, ese Amor es puro fuego
no sabemos resolverlo, no podemos entenderlo"
Mela


