CAPÍTULO 99
“PARAÍSO”
Por la mañana, el sonido del viento embravecido se
había desvanecido, pero grandes nubarrones oscuros amenazaban con estallar en una hercúlea
tormenta.
El señor Teodoro comunicó a su madre que no comerían en casa al finalizar la jornada; comerían en la cafetería del instituto y
Nicolás haría los deberes en su despacho. Y a las seis acudirían a la discoteca
“Paraíso” para celebrar el cumpleaños de Patricia.
A la señora Sales le cambió el semblante tras conocer los
planes de su hijo.
—Me disgusta que Nico vaya a una discoteca —se quejó, contrariada—. Espero que cuides bien de él. Una discoteca
no es lugar para un niño. ¡Y vaya con tu amiguito Álvaro! ¿No podía haberse
dedicado a un negocio más decente?
Nicolás escuchó las palabras de su abuela y ganas le
entraron de narrarle el altercado del día anterior, pero ante la mirada severa
del señor Teodoro que le instaba a guardar silencio, no hizo ningún comentario.
∎∎∎
El señor Amadeo Ortiz, padrastro de Bibiana, recibió
muy sonriente y con muchísima amabilidad al señor Teodoro y a Nicolás cuando llegaron al instituto aquella mañana.
El chiquillo no entendía qué hacía el hombre allí y
se quedó asombrado.
—Ha sido usted muy puntual —manifestó el señor Teodoro—. Enseguida pasaremos a mi despacho y podrá firmar su contrato. Lo
tengo listo.
—¿Qué tal, Nico? —saludó el señor Ortiz, deseando parecer
simpático— Un poco de sueño, ¿no? La verdad es que madrugáis bastante, siempre le digo a
Bibiana que se acueste temprano, de lo contrario por la mañana se pegan las
sábanas.
El hombre se rió a solas, a sus oyentes no les
caía en gracia ya que, tanto uno como otro, sabían que aquel individuo había
maltratado a Bibiana en más de una ocasión.
—Nico,
vete al patio —indicó el señor Teodoro—. Y pórtate de maravilla. No quiero
verte por mi despacho.
El muchacho asintió y se alejó de los adultos, pensando que su padre debía haberle dado trabajo al padrastro de su amiga.
A la hora del recreo, Bibiana fue a
agradecerle al director la ocupación que le había ofrecido a su padrastro.
—Lo
he hecho por ti, Bibi —le confesó el señor Teodoro—. Y, por favor, si ese
hombre te hace algún daño, házmelo saber. Confía en mí.
Seguidamente el señor Teodoro buscó a Natalia
y le preguntó por Elisa.
—Está muy rara —respondió la niña—. Me ha
dicho que no tiene intención de hablar contigo y que la olvides. Me temo que no
vamos a vivir con vosotros, Blas —añadió en tono entristecido.
—Bueno,
lo importante es que todos los días ves a Nico —la animó el joven—. Y sabes que
puedes venir a nuestra casa cuando quieras. Te prometo que hablaré con Elisa personalmente
para que me explique qué le sucede. No te preocupes por nada, Nat.
Nicolás se comió el bocadillo, ávidamente, y
tras beber de un trago una botella de medio litro de agua saltó al campo de
fútbol a jugar con sus compañeros. Ni por un momento se le pasó por la cabeza
quitarse el suéter por mucho que sudase. Y la que estaba realmente radiante y
eufórica era Patricia. Desde que Natalia la llamó la tarde anterior
dándole la noticia de que celebrarían su cumpleaños en la discoteca que estaba
delante del patio del instituto, la jovencita se encontraba como subida en una
nube. Había invitado a muchos compañeros y muchos eran los que suspiraban por
ser invitados también. Patricia se sentía importante y se hallaba en un estado
de bienestar embriagador.
—Es
Blas quien ha organizado mi fiesta —contaba
a quien le preguntaba y a quien no le preguntaba—. Estas Navidades las
he pasado con él, en un pueblo que se llama “Luna”. Creo que está loquito por
mí pero, claro, tiene que disimular porque es el director del instituto y me
lleva unos años. Cuando yo sea mayor de edad, seguro que me declara su amor.
La mañana fue transcurriendo sin que cayera
una gota de agua pese a las nubes negras que presidían el
cielo.
Helena Palacios procuró no tener ningún
tropiezo con el señor Teodoro y evitarlo en la medida de lo posible.
Las clases terminaron y Nicolás y su padre
comieron en la cafetería. Después se dirigieron al despacho del director y el
muchacho hizo sus deberes.
A las seis de la tarde, el señor Teodoro y su
hijo llegaron a la discoteca “Paraíso”. La puerta estaba abierta y un hombre
corpulento custodiaba la entrada.
—Soy
amigo de Álvaro Artiach —se presentó el señor Teodoro—, venimos a un
cumpleaños.
—Muy
bien —fue la escueta respuesta del portero.
A Nicolás tampoco le gustó aquel individuo,
parecía otro “gorila” y el chiquillo empezó a desear marcharse a pesar de que
acababan de llegar.
Bajaron unas escaleras vestidas con moqueta
rojiza; el recorrido estaba bien iluminado por unas luces adosadas a las
paredes. Al finalizar las escaleras y torciendo a la izquierda pasaron a una
estancia, también muy bien iluminada, amueblada con mesas bajas con sobre de
cristal y sillones de escay.
Patricia, Natalia, Bibiana, y quince niños más
ya estaban en el local y la cumpleañera corrió a recibir al señor Teodoro,
abrazándole efusivamente.
—Felicidades,
Paddy —la felicitó el señor Teodoro y Nicolás le entregó un paquete que
contenía una bonita y moderna mochila para llevar libros y cuadernos al
instituto. El señor Teodoro se había encargado de comprar el regalo,
ausentándose un rato del centro docente por la mañana.
El señor Artiach se llevó a su "amigo" a una
mesa, próxima a la barra de bar. Ambos se acomodaron e iniciaron una conversación.
Tres jóvenes camareras atendían a los
estudiantes que se hallaban bastante revolucionados. Unos bailaban en una pista
siguiendo el ritmo de la música que sonaba; otros comían y bebían mientras
gritaban y reían.
Nicolás tomó asiento y se mantuvo enfurruñado.
—¿Se
puede saber qué te pasa? —preguntó Natalia, crispada.
—No
me gusta este sitio —declaró el niño de mal talante—. Y no me gusta que mi padre
esté aquí.
—Creía
que te interesaba encontrar a la hija de Benito Sierra.
—No
creo que esté aquí en este momento y, si lo estuviera, no podríamos hacer nada.
No, estando mi padre. Aquí hay demasiados bestias y, seguramente, están armados.
—Yo
solo he visto a Álvaro y al portero.
—¡Ya
son suficientes, y pueden haber más escondidos! No pondré a mi padre en
peligro. Por poco, aquel asqueroso, le dispara ayer —adicionó, mirando con
resentimiento al señor Artiach.
—En
ese caso deberíamos, al menos, intentar divertirnos —propuso Natalia con tono
aburrido.
—Yo
no tengo ganas de divertirme, de lo único que tengo ganas es de marcharme de
aquí.
—Vamos,
Bibi. Dejemos a este idiota aquí, solito. Está claro que quiere amargarnos la
fiesta.
Las niñas se levantaron y dejaron a Nicolás
con el ceño fruncido y cara de pocos amigos.
El muchacho echó de menos a Leopoldo y a Lucas. Seguro que ellos hubiesen estado a su lado.
Pero Patricia no los había invitado por no pertenecer a su curso.
Al cabo de un rato, Natalia y Bibiana
regresaron, muy excitadas.
—¡Rocío
Sierra está en la discoteca! —exclamó Natalia, acalorada— ¡Es una de las
camareras!
—Eso
no puede ser, no tiene sentido —la contradijo Nicolás, pese a ponerse en
guardia.
—¡Te
digo que es ella! —perseveró Natalia, nerviosa — Se ha acercado a ofrecernos
bebida. Vi la foto que nos enseñó Benito. La chica tiene ahora el pelo rojo,
pero sigue teniendo los ojos azules y la verruga en la barbilla, idéntica a la
de su padre.
Nicolás se levantó lentamente y miró, con
temor, cómo el señor Teodoro y el señor Artiach continuaban platicando mientras
tomaban unos aperitivos.
—¿Dónde
está la camarera? —preguntó a media voz.
—Ha
actuado de una forma muy extraña —explicó Natalia—. No he podido evitar
preguntarle si se llamaba Rocío. He notado que se ha asustado y lo ha negado.
Luego se ha ido por aquella puerta —la niña señaló, con su dedo índice, una
determinada dirección.
Nicolás volvió a mirar a su padre que seguía
hablando con su "amigo" tranquilamente.
El señor Teodoro, convencido, de que los niños
estaban siendo bien atendidos y que, en ningún momento, les iban a servir
bebidas que contuvieran alcohol, disfrutaba recordando tiempos
pasados y no vigilaba en absoluto a los jovencitos.
—Vamos
a ver qué hay detrás de esa puerta —decidió Nicolás, viendo a su padre muy
entretenido—. Aunque sigo pensando que no tiene sentido que Rocío Sierra esté
trabajando aquí si lleva desaparecida dos años como dijo Benito.
—Entonces,
¿no me crees? —se enfadó Natalia— Piensas que esa camarera no es Rocío,
¿verdad?
—No
vayáis a pelearos ahora —medió Bibiana—. Yo también creo que se trataba de
Rocío, Nico. Y la verdad es que estoy bastante asustada.
—Deben
tenerla secuestrada y amenazada —especuló Natalia.
—A
lo mejor no deberíamos cruzar esa puerta —dijo Bibiana, sintiendo mucho miedo—.
Si esa chica es Rocío nos vamos a poner en peligro y vamos a poner en peligro a
Blas.
Nicolás miró al mencionado señor Teodoro y
después miró hacia la puerta. Recordó la angustia y la tristeza del señor
Sierra. ¡Sería maravilloso rescatar a su
hija!
—Vamos
a echar un vistazo —fue su decisión.
Los tres chiquillos avanzaron hacia la puerta.
Estaba pincelada de color blanco y unas letras negras y mayúsculas, dejaban
leer... “PRIVADO”, instigando a no
pasar.
Págs. 784-791
Esta semana dejo en el lateral del blog una canción de Alejandro Fernández y Christina Aguilera... "Hoy tengo ganas de ti"
Hoy quiero recordaros que la próxima entrada será el día 29 de este mismo mes, este día se cumplirán dos años de andadura de este blog... y este día la Estación estará de fiesta y espero os resulte entretenida y divertida la sorpresa que os aguarda
