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EL CLAN TEODORO-PALACIOS

SEGUNDA PARTE

EL CLAN TEODORO-PALACIOS

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miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL CLAN TEODORO-PALACIOS Capítulo 24






VINTAGE El Glamour de Antaño










CAPÍTULO 24

LA MAÑANA DE NAVIDAD


A
quella noche, el señor Teodoro curó la espalda de Nicolás en tres ocasiones más. El chiquillo estaba rendido y no se despertó. La señora Emilia subió a la habitación para sustituir a su hijo, pero éste se negó.
          —Estoy bien, mamá —le dijo, con firmeza—. Vuelve a tu cuarto y duerme tranquila. Yo cuidaré de Nico.
La mujer besó al niño y luego a Blas, posteriormente se marchó dejándolos solos.
Amaneciendo, el sol comenzó a asomar por la cima de la montaña en un cielo completamente despejado. El día de Navidad prometía ser helado, pero limpio de nubes grises. 
Más tarde, la luz de la mañana se coló por la puerta acristalada despertando a Nicolás, que miró su reloj. Eran las nueve menos cuarto y su tutor dormía en la hamaca, muy cerca de su cama. Se levantó, procurando no hacer ningún ruido para no molestarle. Contempló al hombre que dormitaba pacíficamente. A su mente acudieron las palabras de Emilia. “Blas te quiere muchísimo, él daría su vida por ti. Tú eres la persona más importante en la vida de mi hijo”.
El niño reflexionó sobre lo ocurrido. Blas se había alarmado en exceso cuando descubrió su espalda lastimada. Lo había curado con esmero, y había estado velándole durante toda la noche. Natalia le había dicho que pegó a Salvador, y recordó que Bibiana le contó que le dio un beso mientras dormía en el salón.
Sus reflexiones se disiparon viendo que, el señor Teodoro, abría los ojos. El hombre miró al muchacho directamente, y se levantó de la hamaca. Sin decir nada, se aproximó al niño y le alzó la camiseta del pijama para examinar su espalda.
          —Está mucho mejor —dictaminó, satisfecho—. Después de comer te haré una cura y, otra, antes de acostarte por la noche. Ve al baño y aséate, pero no te duches. No quiero que frotes las heridas, podrías hacerte daño.
Y cuando salgas, mucho cuidado con hacer tonterías. Si te caes, pobre de ti. Y recuerda que te he prohibido ir a casa de Estela.
Tras asearse, Nicolás salió del baño, y vio que el señor Teodoro había cambiado las sábanas y la cama estaba hecha.
Las niñas fueron las primeras en bajar a la cocina; Patricia le dijo a Natalia que le dolía la cabeza y ésta le indicó donde guardaban las aspirinas. La muchacha se tomó una pastilla y dejó el envoltorio sobre el mármol. Su intención era que el señor Teodoro lo viera y se preocupara por ella. Tal vez la riñera o, tal vez, la castigara. Eso sería estupendo.
Nicolás apareció en la estancia y llenó un vaso con zumo de naranja. Sonrió a las chiquillas.
          —No estoy castigado —declaró, feliz, mirando a su prima.
          —¡Eso es magnífico! —se alegró Natalia.
En aquel momento, los adultos entraron a la cocina. De inmediato, el señor Teodoro vio el envoltorio de la aspirina sobre el mármol. Pensó que Nicolás se había tomado el analgésico para aliviar su dolor de espalda. Miró al chaval con nerviosismo, se acercó a él y le propinó una colleja. El muchacho se frotó la nuca sin entender nada. Las niñas y las mujeres también se quedaron asombradas.
          —¿Cómo tengo que decirte las cosas, en qué idioma? ¿Qué te dije ayer? —preguntó el hombre, crispado.
El pobre muchacho seguía sin entender nada; su tutor le mostró el envase de la aspirina.
          —¿No te dije que no te tomaras medicamentos sin mi consentimiento?—le recriminó, enfadado.
          —Eso no es mío, yo no me he tomado nada —declaró Nicolás con rapidez.
          —He sido yo —habló Patricia—. Lo siento, Blas. Es que me dolía bastante la cabeza.
El señor Teodoro dirigió su mirada a la chiquilla morena.
          —Ah, bueno —dijo en un tono más relajado—. Espero que te encuentres mejor.
La niña asintió, completamente decepcionada.
Nicolás se revolvió en la silla, furioso. Por culpa de Patricia, Blas le había regañado la noche anterior y, ahora, acababa de darle una palmada sin razón.
          —Cuando he llegado a la cocina, sólo estabais vosotras tres —dijo el niño, de mal humor—. No sé a quién le has pedido permiso para tomarte una aspirina. ¡Deberías estar castigada durante todo el día!
          —¡Vaya! —exclamó el señor Teodoro, irritado, de nuevo— ¿Quién eres tú para reprender a nadie? ¿Acaso la vas a castigar tú?
Nicolás bajó la cabeza, avergonzado. Se había portado como un chivato. 
          —Seguramente los padres de Paddy consienten que se tome algún medicamento, cosa que yo a ti no te consiento. ¿Te queda bien claro?—continuó diciendo su tutor.
           —Pues ella tiene tres años menos que yo —replicó el chaval. 
 El señor Teodoro lanzó al niño una mirada impaciente.                                    
     —Tú lo que tienes que hacer es obedecer y callar —le comunicó, enojado—. Y te conviene no volver a replicar —le avisó, tajante. 
La señora Emilia tomó parte en el asunto, para evitar que Nicolás saliera mal parado. 
         —Ven, cariño —dijo al muchacho—. Vamos al salón. Ayer no abriste tus regalos. 
El chiquillo salió de la cocina con la mujer, Natalia y Bibiana les siguieron. El señor Teodoro se situó en el umbral del comedor para ver la reacción del crío. 
Había dos paquetes muy grandes, que llevaban su nombre. Nicolás abrió uno, se trataba de una mochila de color marrón claro y bordes oscuros. Uno de los departamentos tenía un estuche con bolígrafos, rotuladores, colorines, reglas, gomas, tijeras y sacapuntas. También había una caja con compases y una calculadora. En el departamento más grande se encontraban libros de texto de segundo de ESO y cuadernos de diferentes colores y tamaños. 
        —¡Son libros nuevos para tu instituto, Nat! —exclamó Nicolás, entusiasmado—. ¡Se acabó el internado! 
El señor Teodoro sonrió, levemente, tras escuchar el comentario del muchacho. El chiquillo, ilusionado, rasgó el papel que envolvía el siguiente paquete.
          —¡Es un avión! —chilló, entusiasmado—. ¡Es enorme! ¡Voy a hacerlo volar ahora mismo! ¡Veréis qué buen piloto soy!
El señor Teodoro regresó a la cocina, complacido. Tenía claro que al niño le habían gustado sus regalos. Podía haber recibido muchos más, pero su tutor no quería que se convirtiera en un muchacho caprichoso sin aprecio real por nada.
Nicolás, Natalia y Bibiana salieron corriendo de la villa en dirección a la pista de tenis para probar la aeronave.
          —¿No vas a ir con ellos? —preguntó el señor Teodoro a Patricia.
          —No me encuentro muy bien —mintió la niña deseando preocuparle.
          —Quizás te has resfriado —dedujo el joven—. Aquí en casa, hace calor. Pero fuera, hace mucho frío. Debéis abrigaros bien cuando salgáis. Voy a ver qué tal maneja, Nico, el avión.
          —¿Puedo ir contigo? —interrogó la muchacha, precipitadamente.
          —Por supuesto —aceptó el señor Teodoro—. Ve a ponerte una cazadora o un abrigo. Te espero.
La jovencita salió y regresó muy pronto, y se asió de la mano del hombre de sus sueños, experimentando que flotaba. Cuando pasaron por delante de la casa de Estela, vieron aparcado el coche rojo de Salvador Márquez. El señor Teodoro sintió que una fuerte animadversión se adueñaba de él. 
Llegaron a la pista de tenis; Nicolás ya había hecho despegar al avión. El aeroplano de alas amarillas, cuerpo verdoso y morro gris estaba volando, muy alto, a velocidad considerable.
El muchacho, con gran maestría, conseguía que la nave hiciera piruetas, cabriolas, giros y volteretas. Finalmente, logró un aterrizaje perfecto. Natalia y Bibiana aplaudieron; el señor Teodoro se unió a los aplausos. Fue entonces cuando Nicolás advirtió su presencia  y sonrió, orgulloso. 
             —¿Quieres probar tú? —le preguntó, ofreciéndole el mando. 
El señor Teodoro manejó el dirigible, todavía con mayor habilidad que el muchacho. Los niños contemplaron su destreza, embelesados, y le aplaudieron al finalizar el espectáculo aéreo.    
              —Me encantaría hacerlo volar—declaró Patricia con voz mimosa. 
El señor Teodoro le dejó el mando del aparato. Nicolás no estuvo nada conforme. 
             —El avión es mío —manifestó—. No te lo voy a dejar, Paddy. Podrías estrellarlo y rompérmelo. Antes tengo que enseñarte y tienes que entrenar. 
De un zarpazo, le arrebató el mecanismo del avión y la muchacha puso carita apenada mirando a Blas. 
         —Devuélvele el mando, Nico —ordenó el señor Teodoro—. No me gusta que seas egoísta. Además, no va a pasar nada. 
El chiquillo obedeció de mala gana,  y la niña borró de su rostro la expresión de tristeza . Blas le explicó cómo hacer despegar  al avión. Patricia logró que la aeronave se alzara en el aire, pero no pudo controlar su trayectoria y el avión terminó, enredado, entre las ramas de un árbol. Nicolás se desesperó y salió al galope, frenético por liberarlo. Saltó el muro de la pista de tenis y se dejó caer en la carretera; Blas le siguió, furioso. Alcanzó al chiquillo cuando éste se hallaba a pocos pasos del alcornoque donde se había quedado atrapado el avión. Lo sujetó, cogiéndolo por la chaqueta del chándal.
          —¿A dónde crees que vas? —le gritó, colérico, y lo zarandeó bruscamente.
          —Iba a coger mi avión —contestó el chaval, muy agitado, y con ojos llorosos.
          —No te muevas de aquí —le ordenó el señor Teodoro.
El joven se encaramó al árbol y trepó por él, hasta alcanzar el aparato. Cuando bajó al suelo, se lo entregó a Nicolás.
          —¡Te he dicho esta mañana que no quería que hicieras tonterías cuando salieras! —riñó al chiquillo—. ¡Que no quería que te cayeras! Todavía no tienes la espalda bien. Eres un atolondrado, Nico. Se te ha acabado el avioncito por hoy. ¡A casa enseguida! Camina delante de mí.
Al muchacho le pareció una gran injusticia lo que estaba sucediendo.
          —No ha sido culpa mía —dijo en su defensa—. Ha sido culpa tuya por dejarle el avión a Paddy.
          —¡Te he dicho que camines hacia casa delante de mí!  —exclamó  su tutor, inflexible.
Nicolás no tuvo más remedio que obedecer. Cuando pasaron por el lado de las niñas, Natalia entregó a su primo el mando del aeroplano. Patricia dijo que se encontraba mal y que se sentía muy mareada. Representó tan buena comedia que el señor Teodoro temió que la chiquilla cayera al suelo y la levantó en sus brazos. La niña deseó que el camino hacia casa nunca terminara. ¡Qué envidia le tendría su madre si la viera en aquel instante! Ninguno de sus clientes podía compararse ni un milimetro a Blas Teodoro.
          —Es una cuentista —aseguró Natalia cuando el señor Teodoro, Patricia y Nicolás se alejaban.
          —¡Pobre Nico! —exclamó Bibiana, disgustada—. Se lo estaba pasando de maravilla, creo que Paddy le tiene celos porque Blas siempre está muy pendiente de él.
Natalia estuvo de acuerdo con su amiga, y le propuso ir a visitar a la señora Estela.
          —Vamos a ver cómo se encuentra —manifestó la chiquilla—. Y de paso le contaré lo que el cerdo de su yerno le hizo a Nico.
                                                                                          ⍵⍵⍵
En cuanto llegaron a Villa de Luna, el señor Teodoro dejó a Patricia en un sofá del salón y pidió a Elisa que se ocupara de ella ante la desilusión de la chiquilla. Nicolás se dirigió a la primera planta y entró en la habitación de los juegos. Allí, sobre una estantería de color rojo, depositó su apreciado avión y el mando. Después, con semblante hosco, se sentó en un orejero, tapizado con tela naranja. La habitación era espaciosa y tenía muy buena iluminación gracias a un gran ventanal, por donde se podía contemplar el maravilloso océano verdoso de la sierra.
Por su parte, Elisa comprobó que Patricia no tenía fiebre. También le tomó la tensión, estaba compensada.
          —Creo que únicamente necesita descansar un poco  —informó al señor Teodoro—. No veo necesario llamar al médico.

Págs. 173-180          

32 comentarios:

  1. Es natural que Patricia solicite más atención, muy natural en los críos. Ojalá que Nico se ponga bueno pronto. Comento como si pasara de verdad :) Resulta muy creíble, un beso

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    1. Hola Mere, me gusta que comentes como si estuviera pasando de verdad. Es muy buena señal que creas en la historia. Me das muy buenas sensaciones. Besos.

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  2. Uix creo que al pobre Nico lo reprenden demasiado!!!! Es un santo porqué otro niño de esta edad y en estos tiempos ya estaría montando pollos.
    Yo creo que Blas es su padre natural....
    Espero la próxima entrega jejejejjeje
    Un beso Mela.

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    1. Hola Lidia, me encanta leerte. Estoy de acuerdo en que a Nico lo reprenden bastante.
      Y estoy de acuerdo en que el niño es muy buen chiquito.
      Puedo decir que Nico es muy inmaduro, muy niño. Y esto es, sobre todo, por la suprema protección de su tutor. Poco a poco ya irás viendo y entendiendo más cosas...
      Respecto a que Blas sea su padre, no puedo decir nada. Quizás tengas razón, quizás no. Sí puedo decirte que en este primer libro sabrás de sobra quién es el padre de Nicolás.
      Besos, investigadora.

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  3. A mi ÇNico me parece indefenso y Blas.. me encanta
    Besos

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    1. Hola, querida Silvia, a mí me encanta verte por aquí. Y me encantará verte en el siguiente. Besos.

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  4. Gracias, Mela, por tus cálidas palabras. Me encanta tu texto y también los comentarios que recibes, que "viven" intensamente tus situaciones. Buena señal para una escritora.
    Un beso desde Madrid.

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  5. Hola, Antonio, me has dado una gran alegría. Bienvenido a mi blog, un lugar donde poder soñar. Será un honor para mí leer tus comentarios. Un beso desde Castellón.

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  6. Patricia confunde su necesidad de afecto con el amor, no es culpa suya, aunque provoque situaciones que son injustas para los demás, para Nico en concreto.
    Blas se pasa de la raya, no dudo que quiere al chaval, pero tanta protección no puede ser buena.
    Un besin, este capítulo me ha irritado un poco, pero eso es bueno, es que me han sacado de mis casillas.

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    1. jajajajaaj!!! ¡Pero qué gracia me has hecho,Nena! ¡Mira qué salir de tus casillas leyendo el libro! Me gusta mucho que vibréis con la lectura.
      Te doy la razón en que Blas protege sobremanera a Nico.
      Un besazo.

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  7. Ay la cabecita loca de Patricia... jajajajajaja me hace recordar cuando en la adolescencia nos gustaba un profesor a algunas de la clase... cielos! que horror recordarlo jajjaja.

    Lo que me da rabia es que al pobre Nico nada le sale bien, es que ni disfrutar con sus regalos, pobrecito por que además cuando te regalan algo estás deseando disfrutarlo tú, no compartirlo con los demás al menos no lo primero.

    Besos!

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    1. Es muy típico eso de enamorarse de un profesor. ¡No sé por qué! Lo vemos idealizado, como a un héroe o como a nuestro príncipe azul.
      Sí, al pobre Nico le estropean su juerga con el avión. Y parece que tiene las vacaciones gafadas. Veremos en adelante...
      Un beso, guapetona!!!

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  8. Hola, Mela! me hubiera gustado ser profesor y que las alumnas se enamoraran de mí. jajajaj
    Puede que Blas sea el padre de Nico pero no estoy seguro. Me gustaría que lo fuera.
    Nos vemos en el 27!!

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    1. Hola Oskar!! Me alegra verte. O sea que te gustaría que las alumnas se enamoraran de ti, ¡qué pillo!
      Si Blas es o no es el padre de Nico lo acabarás sabiendo. He notado que ésta es una pregunta que se hacen bastantes lectores. ¿Te gustaría que lo fuera? Tal vez sí, tal vez no. ¡Soy mala!
      Nos vemos en el 27!!

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  9. Oh Nico no tiene respiro! al fin un buen momento y la cabecita de novia celosa de Patricia le arruinan ese instante,es muy dura la vida de este chico pero siempre pensé que las vidas duras tienen premio a la larga,por otro lado me gusta ver esa relación de padre e hijo de Blas y Nico,a veces los padres por querer ser justos y educar nos equivocamos fiero,Blas no está excento de eso.un gustazo pasar por aqui,en mis vacaciones extrañé leerte.Un abrazo y buen día Mela!

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    1. Hola Hada Isol, me alegra ver tu comentario porque yo también te extraño. Me gustó mucho que compartieras tus vacaciones con nosotros.
      Patricia se ha encaprichado con Blas y no sabe ni qué hacer para llamar su atención.
      Es cierto que los adultos queremos lo mejor para nuestros niños, a veces equivocamos los métodos.
      Un abrazo, preciosa!!!

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  10. Me empieza a cargar el Teodoro este...

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    1. Kikas, a ver si voy a tener que recomendarte que tomes un tazón de tila antes de leer otro capítulo jajajaja
      Un besazo!!

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  11. Queda claro que el pobre Nico tiene enemigos hasta dentro de casa, menudas le está preparando ahora Patricia...
    Muchos besos

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    1. A veces el enemigo está más cerca de lo que creemos. ¡Los venceremos a todos!
      Muchos besos, guapetona!!

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  12. Respuestas
    1. Te entiendo, Estelle, el comportamiento de Patricia deja mucho que desear. También es cierto que las enseñanzas que recibe de su madre son malísimas.
      Besos

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    2. Ya, si al fin y al cabo lo que ella quiere es que alguien le haga caso. Es comprensible.

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    3. Sí, eso quiere, lo que pasa es que emplea métodos erróneos. Y, encima, se fija en Blas... imagínate.
      Besos

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    4. XDDDDDDDDD bueno, todas nos hemos enamorado alguna vez del profesor de Educación Física. Esto es parecido XD

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    5. En mi caso no me pude enamorar porque tuve profesora de gimnasia... jajaja
      Pero tienes razón, es muy típico que una adolescente se enamore de un profesor, y esto es muy semejante.

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  13. Una vez más, queda demostrado que el señor Teodoro es hombre de gatillo fácil, y que "dispara", antes de preguntar. Al menos, el crío es un as de la aviación ;)

    Hubo un tiempo en que sentí curiosidad por el aeromodelismo, y me dijeron que los primeros días, lo mejor era dejarle el avión a alguien que lo supiera volar, y una vez en el aire, este entregaba el mando al novato, para que lo manejara. Claro, que si el avión es de motor de goma elástica, el manejo no es tan difícil.

    Saludos.

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    1. Hola Antonio... me encanta hacer volar un avión, pero siempre lo acabo enredando en algún árbol ;-)
      Saludos

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  14. Hola Mela
    Yo creo que las reacciones de cada uno (Nico, Blas, Patricia, Nat..) son en cierta manera normales para ellos por la situación en la que están, aunque nosotros viéndolo desde fuera nos gustara que se comportaran de otra manera en algunas de esas ocasiones.Y eso que hay muchas cosas que aún no sabemos!
    Un beso.

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    1. Hola María... Es que las cosas vistas desde fuera nunca se ven o se viven igual que desde dentro
      Yo he leído libros y he visto películas que me han puesto hasta nerviosa... pero reconozco que si esas cosas me pasaran a mí, ya no estoy tan segura de mi reacción
      Un beso

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  15. Un capitulo otra vez muy visual y esa niña me sigue sorprendiendo
    con esa maña de engatusar a Blas.

    Pensé que los regalos serían un móvil, tablet o portatil, jajajaja o la Play.

    Muy bien logrado este capitulo Mikaela
    mando besos aerodinámicos.

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    1. Hola Cielo... Esa niña tiene casi 13 años... y una madre que ejerce la prostitución en su propia casa... es normal que conozca trucos para engatusar a Blas
      Todos esos regalos, Nico y Nat, ya los tienen
      Pues yo también te mando besos aerodinámicos

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