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lunes, 5 de noviembre de 2012

EL CLAN TEODORO-PALACIOS Capítulo 23





Entre Montones de Libros








CAPÍTULO 23

VÍSPERA DE NAVIDAD


N
icolás estaba echado en la cama, boca abajo. La espalda le dolía menos ya que el señor Teodoro se la había curado a fondo, pero se encontraba más cómodo en aquella postura. Había leído la hoja que escondió en la manga de su camiseta. Después de leerla, la guardó en un cajón de su mesilla.
Jaime y Julián le habían estado espiando y anotaron todo cuanto él hacía. Y luego le habían pasado la información a Blas. Esos críos eran unos metomentodo igual que su padre Francisco. Ya los cogería él y les diría cuatro cositas. Se les iban a quitar las ganas de ser unos chismosos que se meten donde no les importa. ¡Mocosos maquinadores!
Natalia entró en su habitación sin llamar a la puerta; el chiquillo se incorporó y se quedó sentado. El cuarto estaba muy iluminado ya que la luz de la lámpara de la mesilla estaba encendida, y los ojos de buey del blanco techo también resplandecían.
          —¿Cómo van las cosas por ahí abajo? —preguntó el niño.   Su prima se sentó junto a él.
          —El tal Salvador se ha ido sangrando por  la nariz—explicó la chiquilla—. Blas dijo que le pareció haberle visto una mosca y le empotró un buen dedazo. Gabriela se ha ido también. La majadera de Paddy le ha dicho a Blas que tú le prometiste a Gabriela no contar nada.
            —¡Oh, no! —exclamó Nicolás, disgustado—. ¿Por qué ha hecho eso?
          —Paddy está coladita por Blas —aseguró Natalia.
Nicolás sonrió, divertido e incrédulo.
          —No puede ser —comentó.
          —Te digo que sí —insistió Natalia—. ¿Cómo está tu espalda? —interrogó.
          —Mucho mejor —respondió el muchacho—. Cuando Blas me echaba agua oxigenada, creí que se estaba equivocando, y que me estaba echando alcohol, de tanto como me escocía. Ha sido horrible.
          —¿Qué fue lo que pasó realmente, Nico? —indagó Natalia—. Yo no estoy coladita por Blas, no se lo voy a contar.
Nicolás le relató a la niña todo lo sucedido.
          —¡Ese tipo es un canalla! —gritó Natalia, escandalizada.
Su primo asintió.
          —Mañana iré a ver a Estela y se lo contaré todo —decidió la chiquilla.
          —¡Un momento, un momento! —la frenó Nicolás—. No quiero que vayas a casa de Estela sin que yo te acompañe. Ese hombre es peligroso.
          —Pues no sé si vas a poder acompañarme —declaró la muchacha—. Me parece que Blas no te va a dejar salir.
Nicolás suspiró, preocupado.
          —Si yo no puedo salir, no se te ocurra ir a casa de Estela —le dijo a Natalia, muy serio.
La niña se rió con ganas, queriendo fastidiar al chiquillo.
          —Y si no te obedezco, ¿qué vas a hacer? ¿Me vas a castigar? —le provocó.
Nicolás la miró con ojos centelleantes.
          —A lo mejor te pongo una de esas orejitas tan preciosas que tienes, bien roja —la amenazó.
          —Tú me haces eso y yo se lo cuento a Blas. Y él a ti, te come —volvió a reír Natalia, sabiendo que tenía la sartén cogida por el mango.
Nicolás la atrajo hacia sí y le dio un suave tirón de pelo. La melena castaña de la niña desprendía destellos intensos, acordes a sus bellos ojos almendrados.
          —Hablo en serio, Nat. No quiero que vayas sin mí.
En aquel momento entraron en la habitación Patricia y Bibiana.
          —El señor Francisco, su mujer y sus hijos ya se han ido —anunció Patricia—. Blas, Emilia y Elisa están arreglando el salón y la cocina.
Nicolás miró a la niña con enojo.
          —¿Se puede saber por qué le has dicho a Blas que le prometí a Gabriela no contar nada, so chivata? —le reprochó.
La reacción de Patricia dejó atónitos a todos, puesto que la chiquilla salió corriendo del cuarto.
          —¿Qué mosca le ha picado? —dijo Nicolás, cariacontecido.
          —O mucho me equivoco o ha ido directa a llorarle a Blas —afirmó Natalia—. Es una oportunidad de llamar su atención y no la va a desaprovechar.
          —Debe estar chiflada —sentenció Nicolás.
En efecto, Natalia no se equivocaba. Patricia fue a contarle a Blas que Nicolás se había metido con ella por haberle dicho su secreto. El señor Teodoro serenó a la niña y secó sus lágrimas de cocodrilo. La muchacha se sintió en el cielo. 
Algo más tarde, el joven acompañó a Patricia a la habitación de Nicolás. Natalia y Bibiana aún estaban allí. Blas se acercó a la cama del chiquillo y lo miró, muy severo.
            —Que sea la última vez que te metes con Paddy—le advirtió, enfadado—. Ella puede contarme lo que le dé la gana y tú te callas.
          —Pero si yo no… —comenzó a replicar el niño.
          —¡Te he dicho que te calles! —atajó su tutor—. Y acuéstate. ¡Todo el mundo a dormir! Y tú Nat, mucho cuidado también, o hablaré con Elisa para que te ponga en tu sitio de una vez. 
Las tres niñas salieron de la habitación; Nicolás volvió a echarse en la cama, boca abajo, pensando que Patricia estaba loca de remate.

En la habitación de las niñas hubo una gran discusión entre Natalia y Patricia.
          —Si vuelves a irle con cuentos a Blas sobre Nico, dejaré de ser tu amiga —la avisó Natalia—. No permitiré que vengas a mi casa y no podrás ver a tu idolatrado Blas.
           —Lo veré y mucho —replicó Patricia—. Recuerda que Nico dijo que Blas iba a ser el nuevo director de nuestro instituto. 
Natalia frunció el ceño, concentrada. 
          —Pero no será lo mismo verlo en el instituto, que poder comer junto a él o dormir cerca de él —manifestó—. No será lo mismo ni parecido. 
Patricia reflexionó y llegó a la conclusión de que Natalia tenía razón. Tendría que ser más cauta a partir de ahora. Blas Teodoro era el hombre que ella se había propuesto conquistar. ¡Su madre iba a envidiarla! 
Bibiana no podía comprender a Patricia. ¿Cómo podía gustarle Blas más que Nico? Blas era un hombre muy apuesto y muy educado, pero Nico era el chico más sensacional que ella conociera nunca. Suspiró, apenada y abatida. Seguramente, después de las vacaciones no volvería a verlo. No podía olvidar que Blas iba a entregar a Nico a su verdadero padre.


Pasó hora y media. El señor Teodoro subió a la planta de los niños y entró en la habitación de Nicolás. El chiquillo estaba dormido. Abrió una hamaca que portaba consigo y la situó cerca de la cabecera de la cama. Encendió la luz de la mesilla; el muchacho dormía completamente destapado. Le levantó la camiseta y examinó su espalda. Los bordes de las marcas ya no estaban ennegrecidos, comenzaban a tomar un tono violáceo. Las zonas enrojecidas, antes muy intensas, ahora eran más tenues.
Puso el botiquín que había traído, sobre la mesita. Sacó agua oxigenada y algodón, y volvió a curar el dorso del chaval. Lo hacía con mucha suavidad pero, aun así, Nicolás se despertó. Intentó incorporarse; el señor Teodoro se lo impidió.
          —Estate quieto, Nico —le dijo en voz baja—, tengo que curarte otra vez.
          —Casi ya no me duele. Estoy muy bien —afirmó el niño.
          —Me alegro mucho, pero esto es necesario que lo haga. Si no te mueves, terminaré enseguida —manifestó su tutor.
Después del agua oxigenada, le aplicó yodo. Esperó a que se secara y posteriormente masajeó la espalda de Nicolás extendiendo, con mucho mimo, una pomada analgésica y desinflamatoria.
Cuando terminó la cura, fue al cuarto de baño a lavarse las  manos. Vio la camiseta que Nicolás había lavado aquella tarde. La desplegó y comprobó que el chiquillo no la había lavado bien, aún quedaba algún resto de sangre. Se maldijo a si mismo por no haber observado la prenda cuando encontró al niño, lavándola. Debió darse cuenta de que era muy extraño lo que Nicolás estaba haciendo.
Regresó a la habitación, apagó la luz y se acostó en la hamaca.
          —¿Vas a dormir aquí? —le preguntó el niño, perplejo.
          —Sí, Nico, voy a dormir aquí —respondió Blas—. Dentro de un par de horas, quiero volverte a curar. Duérmete.
          —No es necesario, Blas —repuso el muchacho—. Me encuentro bien, de verdad. Puedes irte a la cama y descansar tranquilo.
          —Nico, cállate y duérmete.
El niño se mantuvo callado durante dos minutos, luego volvió al ataque.
          —Blas…
          —¿Qué?
          —¿Voy a estar castigado mañana? —preguntó, temiendo la respuesta—. Yo no he hecho nada malo —agregó en su defensa.
El señor Teodoro sonrió en la oscuridad.
          —¿No has hecho nada malo? —inquirió, fingiendo sorpresa—. Me has desobedecido y has salido de la terraza, has empujado a un hombre y le has echado encima a Hércules —citó—. Y dices que no has hecho nada malo—terminó, simulando extrañeza.
Nicolás guardó silencio, no sabiendo qué argumentos dar para demostrar su inocencia.
          —No voy a castigarte, Nico —declaró Blas, sorprendiendo al chiquillo—. Pero te prohíbo que te acerques a casa de Estela. No quiero que estés cerca de Salvador. Y el día veintiséis vas a decirme qué ha pasado exactamente esta tarde. Has dicho que me lo dirás ese día, ¿no?
          —Sí —murmuró Nicolás, algo preocupado.
No sabía a qué hora se iría el señor Márquez y temió que Blas perdiera la paciencia si no se lo contaba todo, nada más levantarse, a primera hora de la mañana.
Pero pronto se animó pensando que al día siguiente iba a poder salir. Lo que vendría después  ya intentaría solucionarlo de algún modo.
          —Buenas noches, Blas —dijo en voz baja, sintiéndose reconfortado.
          —Buenas noches, Nico —contestó el señor Teodoro, también en voz baja—. Y duérmete ya. No quiero volver a oírte.
Poco rato después, Nicolás se durmió profundamente.
El señor Teodoro suspiró, cansado, sin conseguir pacificar su espíritu para lograr conciliar el sueño. Sus ojos oscuros, como noche sin luna, estaban tristes; parecían albergar un amargo secreto, algo oculto que  mantenía reservado solo para él.
Se levantó y salió a la terraza en busca de sosiego. Miró el cielo estrellado donde multitud de puntitos brillantes, fulguraban. Persiguió estrellas evanescentes que desaparecían, apenas terminaba de descubrirlas.
Los árboles permanecían muy quietos y silenciosos; la montaña dormía. Abajo, en el fondo, se hallaba el pueblo durmiente. Todavía vislumbró luces titilando en el interior de algunas casas.
El frío era intenso pero se sentía a gusto contemplando tanta belleza. El hechizo se rompió en cuanto miró hacia su izquierda y posó la vista en la casa de la señora Estela Miranda, únicamente iluminada por la luz de unas farolas cercanas.
El señor Teodoro se puso tenso recordando a Salvador Márquez. Decidió entrar, de nuevo, en la habitación.
Nicolás continuaba dormido; el joven se inclinó y lo besó en la frente con extrema dulzura. 

Págs. 165-171

32 comentarios:

  1. Mira que me cae bien Teodoro, de verdad que sí.
    Gracias por el banner, me hizo muchísima ilusión
    Besos

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    1. A mí también me ha hecho ilusión ponerlo. Lo pondré de vez en cuando porque, para mí, es un honor.
      A lo mejor a mí también me cae muy bien Blas Teodoro. Besos, Silvia.

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  2. Se te dan realmente bien los diálogos, es como si estuvieran aquí mismo charlando entre nosotros :) Un beso

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    1. Quizás el secreto está en que creo plenamente en mis personajes. Otro beso muy fuerte para ti, Mere. ¡Ah, en el capítulo 27 te espera una sorpresita!

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  3. Aix que llego tarde, llego tarde, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas jajajajajjaja Yo tengo una idea sobre Blas pero no digo nada por si meto la pata jejejejjeej
    Un beso Mela.

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  4. ¡Hola Lidia! Lo que importa es que ya has llegado. Puedes decir lo que quieras sobre Blas; Silvia dijo que iba a mirarle la espalda a Nico y acertó. Podía haberse equivocado y no hubiera pasado nada. Me encanta leer vuestras ideas e impresiones. ¡Un besazo, preciosa!

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  5. ¡Ay Patricia! Es lo que tiene vivir con una madre así. Hasta parece que quiere competir con ella.
    Sigo pensando que Blas tiene que hacer un gran ejercicio de contención porque, por mucho que no conozca todos los detalles, sabe que Márquez es un animal.
    Un abrazo

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    1. Te doy toda la razón. Quizás por eso debe tomar bastante tila. jajajajaj
      Sí, Patricia parece querer competir con su madre.
      Un gran beso!!!

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  6. Blas es un hombre bueno, y con una santa paciencia!!! no ha de ser fácil tratar por un lado con los niños y por otro llevar ese secreto que intuyo ha de haber en relación a ellos, pero que ya descubriré como todos, más adelante.

    Me encantó nuevamente!!! Y lo de las estrellas que se desvanecen... ufff me hiciste retroceder a mis veraneos por el Pirineo hace ya mucho mucho.

    Besitos!

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    1. Hola, FG!! ¡Qué maravilla, veranos en el Pirineo! Me alegro mucho por ti. Estoy segura de que me encantaría.
      También estoy muy de acuerdo en que Blas por ahora, por lo menos, da la imagen de un buen hombre y con una santa paciencia.
      Un abrazo!!

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  7. Voy poquito a poco, ando falta de tiempo, este Blas en el fondo parece buena persona, pero no acabo de encenderle.


    Besos

    Raquel

    http://raqueljimenezbisuteria.blogspot.com.es/


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    1. Hola Raquel, ve al ritmo que puedas con toda tranquilidad. El día debería tener más de 24 horas jaja
      Veremos si más adelante vas entendiendo un poco más a Blas.
      Besos, guapa!!

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  8. Nico no tuvo en cuenta de que el chisme de los niños le ayudó bastante porque Salvador no tenía porque salirse con la suya.De las niñas,menudo Lío están en esa edad de enamoradizas,y lógico cada una quiere quedar bien con su"amado",me dan pena esas niñas,todas de un modo u otro están muy solas,incluso Nat.

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    1. Hola Hada Isol, estoy muy de acuerdo con tus reflexiones. Los pequeños detectives han hecho un buen trabajo dentro de lo que cabe. Respecto a las niñas creo que es cierto que están muy solas.
      Besos

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  9. Imagino los ojos de Blas,la noche,el cielo,el pueblo,la casa de Salvador describes muy bien el entorno,sobre el cariño y cuidado de Blas hacia Nico me hace sentir aun más que es su padre,y aunque no lo fuera Blas es su padre ya que ese es el rol que desempeña en su vida,lo ama y eso me da ternura.Me encanta leerte Mela que tengas una buena semana!

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    1. Gracias, Hada Isol, también te deseo una estupenda semana. Es lunes, tan solo estamos comenzandola, pero pasa muy rápida.

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  10. Nicolas en realidad se llama Nicolas job, ¿verdad?

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    1. NO, no se llama job. Se llama Nicolás Rey jajajaja
      Me ha costado entender por dónde ibas jejeje

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  11. Creo, que en estas vacaciones cambiaran muchas cosas, las niñas como sigan así, van a terminar siendo enemigas y Blas es tierno....como el pan bimbo..jaja

    Muchos besos!!

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    1. Estoy muy de acuerdo contigo jajaja
      Un besazo!!!

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  12. ¡Hola guapa! Cada vez estoy más metida en tu historia. ¡Brillante! Adoro a Blas me cae genial. No se que guarda para él. Hay un misterio o quizás me parece a mi. Noto un poco de soledad en las niñas pero veremos que pasa más adelante.
    Hermosa historia mi niña. Atrapante. Un beso enorme.

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    1. Hola Lou!! Tus palabras son sencillamente maravillosas.
      Veo que estás en el bando de Blas, es un personaje que crea polémica.
      Me encanta que esta historia te esté atrapando.
      Un beso enorme, preciosa!!

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  13. El señorito Blas debe de estar to bueno no? Es una lástima que sea de ficción XD

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    1. jajajajaja La verdad es que sí que está muy bueno, es guapísimo. Alto, fuerte, moreno, de cabello ondulado abundante, y tiene un par de ojos negros muy brillantes... ;-)

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  14. Quasimodo también posee esas características xD a mí mientras sea guapo... el pelo y los ojos es lo de menos.
    Jewjewjew.

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    1. Pues te aseguro que guapo es y mucho. No es lo que yo más miro en un hombre pero, bueno, Blas es guapo.

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    2. Hombre ya, la personalidad y las intenciones también cuentan, pero el físico también es primordial XD Bueno, el conjunto en sí.

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    3. jajaja Pues Blas tiene el conjunto en sí.

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  15. Llevaba tres o cuatro días, sin asomarme por aquí, probando el repelente Windows 8, editando el blog, y haciéndole una portada. Y entre una cosa y la otra, se me hizo tardecillo.

    En este capítulo, no ha habido "leña", pero sí, lágrimas de la niñita llorona. Creo que con alcohol, las heridas se curan mejor ;)

    Saludos,

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    1. Hola Antonio... el repelente Windows 8... qué horror.
      El alcohol escuece mucho ;-)
      Saludos

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  16. Insisto, estos niños poseen un comportamiento muy adulto
    o soy yo que tuve una infancia y pre adolescencia muy pura
    y cristalina y jamás tuve ciertos pensamientos en mi mente.

    Tal vez es la época, los niños de ahora, saben mucho.

    Y ahora parece que Blas posee un secreto que le atormenta
    una nueva intriga, eso es genial.

    Te dejo un Beso a la altura de tus labios, pero ligeramente
    desviado a tu derecha.

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    1. Hola Cielo... Me alegra mucho saber que tuviste esa pre adolescencia pura y cristalina ;-)
      Yo creo que la madurez de un adolescente depende de la forma como se haya criado
      Pues sí... Blas tiene un secreto... y un día lo descubrirás
      jajaja... Eso quiere decir que me das un beso en la mejilla
      Vale, yo te doy otro ;-)

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